Equilibrio seguro
Equilibrio seguro
Con los años he aprendido que lo que más valoro es poder valerme por mí mismo. Caminar, moverme por la casa, salir a la calle sin depender de nadie. No me había dado cuenta de lo importante que es hasta que empecé a sentir ciertos tropiezos, inseguridades al andar o esos sustos de casi caerme. Es algo que compartimos muchos de los que ya pasamos los 60: el miedo a perder autonomía.
Caminar parece algo tan natural, pero con la edad se complica. El equilibrio ya no es el mismo, la fuerza en las piernas se reduce y la coordinación se vuelve más lenta. A veces me doy cuenta de que mis pasos son más cortos, voy más despacio y me agarro de lo que tengo cerca por temor a caer. Y es que las caídas no son cualquier cosa: pueden traer fracturas, dolores largos de curar e incluso dependencia de otros.
Ejercicios de equilibrio para mayores de 60 y cómo se realizan. (s/f). Www.google.com. Recuperado el 26 de septiembre de 2025, de https://share.google/images/eIOLjDsk4wCM4Unin
La marcha normal tiene varias fases: primero despegamos el pie, luego lo llevamos hacia adelante y finalmente lo apoyamos en el suelo. Es un proceso automático, pero al envejecer este mecanismo se va alterando. En mi caso, noto que ya no levanto tanto los pies, que mis pasos son más cortitos y me canso antes.
Con la edad, tanto hombres como mujeres caminamos diferente. A nosotras, las mujeres, nos dicen que solemos dar pasos más cortos y que tenemos mayor riesgo de fractura por la forma de la pelvis y la fuerza muscular. Los hombres mayores, en cambio, suelen caminar más encorvados, arrastrando los pies y con menos movimiento de los brazos.
Existen distintos tipos de marcha según los problemas que uno tenga. Por ejemplo, la marcha parkinsoniana, con pasos chiquitos y el tronco inclinado hacia adelante; la marcha atáxica, que hace que los pies caigan con fuerza al suelo como si fueran pesados; la prudente, que es la típica del miedo a caer, cuando uno camina despacio, con los pies separados y pasos cortos. También están las marchas que vienen de problemas en huesos o articulaciones, como la marcha antiálgica (para evitar el dolor) o la de pingüino, por debilidad en la cadera.
Lo preocupante es que las caídas son muy frecuentes. Se calcula que uno de cada tres mayores de 65 años se cae al menos una vez al año, y que esa cifra aumenta con la edad. Yo misma he tenido sustos, y conozco amigos que después de una caída ya no volvieron a ser los mismos. A veces el golpe no es lo peor, sino el miedo posterior. Ese miedo hace que uno deje de caminar tanto, que se aísle, que pierda fuerza y flexibilidad. Y eso, a la larga, aumenta todavía más el riesgo de caer otra vez.
Las causas de las caídas son variadas. Algunas son internas, propias del cuerpo: la vista que ya no es tan nítida, el oído que falla, los reflejos más lentos, la debilidad en los músculos, la artrosis o incluso problemas de memoria. Otras son externas: alfombras en la casa, suelos resbaladizos, poca iluminación, escaleras sin barandal, calzado inadecuado. A esto se suman los medicamentos: cuando tomamos varios a la vez, algunos marean o nos hacen perder estabilidad.
Las consecuencias de una caída pueden ser físicas (golpes, fracturas, heridas que tardan en sanar), pero también emocionales. He visto cómo personas conocidas dejaron de salir de casa por miedo a volver a caer. Esa pérdida de confianza en uno mismo puede ser tan limitante como el dolor físico. Y, además, caerse tiene un impacto en la familia y en la economía: más visitas al médico, necesidad de cuidadores, hospitalizaciones.
Golpe de calor en ancianos 2D aislado. (s/f). Www.google.com. Recuperado el 26 de septiembre de 2025, de https://share.google/images/t0GRWPqUtHqHDGOks
Pero no todo son malas noticias. Hay formas de prevenir caídas. Lo primero es mantenernos activos. Yo trato de caminar todos los días, hacer ejercicios sencillos y, cuando puedo, clases de taichí o gimnasia suave. Está comprobado que el ejercicio mejora el equilibrio, fortalece los músculos y hasta levanta el ánimo. También es importante usar los apoyos que necesitemos: bastón, andador, zapatos cómodos y bien ajustados.
En la casa podemos hacer cambios simples: quitar alfombras sueltas, asegurar buena iluminación, poner barras en el baño, revisar que no haya cables atravesados. Y, por supuesto, revisar la vista y el oído con regularidad, además de hablar con el médico sobre los medicamentos que tomamos para evitar combinaciones peligrosas.
Algo que me parece muy útil es aprender qué hacer si me caigo. Hay técnicas para levantarse del suelo sin lastimarse más: girar el cuerpo, apoyarse en las rodillas, buscar un mueble firme y levantarse poco a poco. Eso me da cierta tranquilidad.
(S/f). Gstatic.com. Recuperado el 26 de septiembre de 2025, de https://encrypted-tbn0.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcRZmCgEJKh8IGqTOK4IGMdr28pBbwA8DOwFcQ&s
En conclusión, con los años es normal que nuestra manera de caminar cambie, pero no debemos resignarnos a vivir con miedo. Caminar es sinónimo de libertad, de independencia, y vale la pena cuidarla. La prevención es la clave: ejercicio, seguridad en casa, buena alimentación, controles médicos y, sobre todo, mantenernos activos. Porque envejecer no significa dejar de movernos, sino aprender a hacerlo de forma más consciente y segura.
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