Comunidad solidaria

 Mire, le voy a contar de qué trata este trabajo. Es una investigación que se hizo en Santa Elena, en una asociación de adultos mayores llamada 24 de mayo. La idea principal fue ver cómo están ustedes —los adultos mayores— dentro de su grupo y en la sociedad, y pensar en maneras para que se sientan más incluidos, activos y felices. Porque, como sabemos, muchas veces las personas mayores son dejadas a un lado, y eso no está bien. Todos tenemos derecho a seguir participando, a sentirnos útiles y acompañados.

La autora, Betsy Totoy, quiso diseñar un programa de gestión social que ayude justamente con eso: con la inclusión. Usó un tipo de investigación cualitativa, que no se trata de números, sino de escuchar y observar. Hizo grupos de conversación (grupos focales) y observaciones dentro de la asociación para entender cómo se sienten sus miembros, qué cosas les preocupan y qué quisieran mejorar.

Lo que se descubrió fue que hay cosas buenas, pero también desafíos. Por un lado, los adultos mayores del grupo tienen compañerismo, se apoyan y les gusta participar. Pero por otro lado, hay falta de motivación, algunos se sienten discriminados o abandonados, y no hay suficientes recursos ni organización para que la asociación funcione como debería. Les falta un espacio adecuado donde reunirse, materiales básicos, y también apoyo para hacer más actividades.

A muchos les gustaría tener terapias físicas, talleres de manualidades, aprender a usar la tecnología, participar en juegos o paseos, y sobre todo, tener más atención de parte de las autoridades. Y es que con los años, uno necesita más ayuda, pero también más oportunidades de compartir y sentirse parte de algo. Por eso, este programa quiere fortalecer justamente esas cosas.

La propuesta se llama “Red de Amigos”, un nombre muy bonito, ¿no? Porque la idea es crear una red de apoyo donde nadie se sienta solo. El programa tiene dos partes principales: una para mejorar la organización interna de la asociación y otra con actividades inclusivas para sus miembros.

En la primera parte, se busca fortalecer el liderazgo y la estructura del grupo. Se propone que la directiva tenga más capacitación, que se acerquen a universidades o instituciones para pedir asesoría, recursos y colaboración. Por ejemplo, podrían trabajar con la Universidad Estatal Península de Santa Elena para recibir apoyo legal, administrativo o educativo. También se planea contactar con fundaciones y clubes locales (como el Club de Leones o la Fundación Salinas Yacht Club) para conseguir materiales como sillas, mesas y utensilios que faciliten las reuniones.

La segunda parte está pensada para actividades más directas con los adultos mayores. Aquí entran los talleres y encuentros que les permitan aprender, moverse y divertirse. Entre las acciones propuestas están:

  • Charlas sobre alimentación saludable y terapia física básica, para cuidar el cuerpo.

  • Cursos de tecnología, para que aprendan a usar el celular o el computador y así puedan comunicarse con familiares o hacer trámites.

  • Talleres de manualidades, que no solo sirven para entretenerse, sino también para sentirse productivos y creativos.

  • Tardes de juegos y experiencias compartidas, para reír, recordar y convivir.

  • Viajes o visitas culturales a museos, parques o eventos, porque salir de la rutina hace bien al ánimo.

  • Celebraciones sociales, donde puedan festejar juntos cumpleaños, fechas especiales o simplemente la vida.

El programa está pensado para un año, con un presupuesto estimado de unos 1700 dólares, y busca ejecutarse con apoyo de voluntarios, universidades e instituciones públicas y privadas.

Las conclusiones del estudio fueron muy claras: los adultos mayores de la asociación enfrentan barreras importantes, tanto sociales como emocionales. Hay sentimientos de soledad, discriminación y falta de reconocimiento, y eso afecta mucho la salud mental y física. Pero también hay un enorme potencial en ellos: ganas de seguir aprendiendo, de convivir, de sentirse valorados. Lo que se necesita es apoyo, organización y empatía.

La autora resalta que la inclusión social no es solo una palabra bonita, sino una necesidad real. Significa que las personas mayores tengan acceso a servicios, espacios y actividades que les permitan seguir siendo parte activa de la comunidad. Y no se trata solo de atenderlos, sino de escucharlos y darles un rol dentro de la sociedad, porque la experiencia y sabiduría que tienen vale muchísimo.

Además, el trabajo propone que las instituciones públicas, como el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), y los gobiernos locales, se involucren más. Con políticas adecuadas, apoyo financiero y programas permanentes, se podría mejorar mucho la calidad de vida de los adultos mayores de Santa Elena y de todo el país.

En palabras más sencillas, este proyecto busca que ustedes no se sientan olvidados. Quiere que tengan un lugar donde compartir, aprender, moverse y sonreír. Que la comunidad entera entienda que envejecer no es un problema, sino una etapa más de la vida, con sus propias alegrías y retos. Que los adultos mayores sean escuchados, respetados y, sobre todo, incluidos.

Porque, como dice la autora, una sociedad que respeta y cuida a sus mayores, es una sociedad más justa, más humana y más sabia.

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