ENVEJECIMIENTO DE LOS SENTIDOS

Susurros del cuerpo: La vejez y sus sentidos dormidos

Con el paso de los años los sentidos van perdiendo agudeza, y eso puede influir en cómo nos comunicamos, disfrutamos las actividades cotidianas o nos relacionamos con los demás. La audición, por ejemplo, ya no capta tan bien los sonidos agudos ni las conversaciones en ambientes ruidosos, y a veces aparece ese zumbido molesto en los oídos llamado tinnitus. 

La visión también cambia, cuesta más enfocar de cerca, y pueden surgir problemas como cataratas o glaucoma. Por eso, se recomienda usar colores cálidos en casa y mejorar la iluminación para ver mejor. 

El tacto no se queda atrás, se vuelve más difícil sentir el calor, el frío o el dolor, lo que aumenta el riesgo de quemaduras o lesiones. Además, algunas personas pierden la capacidad de percibir bien la posición de su cuerpo, lo que puede provocar caídas. 

Aunque estos cambios son naturales, con algunos cuidados y adaptaciones podemos seguir disfrutando de la vida con seguridad, comodidad y alegría.

Olfato y gusto: sentidos que también envejecen

Con el paso de los años nuestros sentidos van cambiando. El gusto y el olfato, aunque muchas veces pasan desapercibidos, juegan un papel clave en cómo disfrutamos la comida, nos relacionamos con los demás y hasta en cómo cuidamos nuestra salud.

El gusto: cuando los sabores se apagan

A partir de los 60 o 70 años puede que la comida ya no sepa igual. Esto se debe a que las papilas gustativas, esas pequeñas estructuras en la lengua que detectan los sabores, empiezan a disminuir en número y a regenerarse más lentamente. Los sabores amargos y ácidos son los primeros en perderse, mientras que el dulce suele mantenerse por más tiempo. Por eso, es común que los adultos mayores prefieran alimentos más dulces o salados, buscando compensar esa pérdida de sabor.

Además, factores como el tabaquismo, ciertos medicamentos (como antihipertensivos o antidepresivos), la sequedad bucal o el uso de prótesis dentales pueden empeorar la sensibilidad gustativa. Cuando el gusto se debilita la comida se vuelve monótona, se pierde el apetito y, en algunos casos, aparece lo que se llama “anorexia senil”, una falta de interés por comer que puede afectar seriamente la nutrición y el estado de ánimo.

El olfato: un sentido silencioso pero vital

Las neuronas olfativas que viven en la nariz dejan de regenerarse con la misma eficacia, y el moco nasal, que ayuda a transportar los olore,  se produce en menor cantidad. Además, el bulbo olfatorio, que es la parte del cerebro encargada de procesar los aromas, pierde volumen y funcionalidad. Enfermedades como el Alzheimer o el Parkinson, así como infecciones respiratorias crónicas o tratamientos médicos intensos, también pueden afectar este sentido.

El olfato es muy importante ya que está profundamente conectado con la memoria, las emociones y la seguridad. Cuando se pierde, se vuelve difícil detectar olores peligrosos  como alimentos en mal estado, así tambien olores placenteros. También se pierde el placer de oler una comida recién hecha, lo que puede llevar a la malnutrición, la tristeza o el aislamiento social.

¿Cómo trabajan el gusto y el olfato?

Aunque parezcan sentidos separados, el gusto y el olfato trabajan juntos. De hecho, el 80% de lo que “saboreamos” viene del olfato, gracias a un fenómeno llamado “gusto retronasal”. Es decir, cuando masticamos, los aromas suben por la parte trasera de la boca hacia la nariz, y eso nos permite distinguir sabores complejos como el chocolate, la vainilla o una salsa casera. Cuando el olfato falla, los alimentos pierden su riqueza y se sienten planos o aburridos.


¿Cómo estimular los sentidos?

  • Oler distintos aromas cada día (especias, frutas, hierbas) puede ayudar a reactivar el sentido del olfato.
  • La suplementación con zinc en algunos casos, puede mejorar la sensibilidad gustativa.
  • Estimulación sensorial, usar colores vivos en los platos, jugar con texturas y temperaturas, y combinar sabores contrastantes puede hacer que la comida vuelva a emocionar.
  • Evitar el exceso de sal y azúcar, en lugar de añadir más, se pueden usar condimentos naturales como limón, ajo, jengibre o canela para realzar el sabor.
La pérdida del olfato y el gusto en la vejez impacta no solo la nutrición, sino también el ánimo y la autonomía. Reconocer estos cambios permite tomar medidas para mantener el disfrute y la seguridad. La comida nutre el cuerpo y el alma, y cuidar ese vínculo es clave para envejecer con bienestar.

Referencias:

Cómo cambian los sentidos del olfato y del sabor a medida que envejece. (15 de Enero de 2025). Obtenido de National Institute on Aging: https://www.nia.nih.gov/espanol/boca/como-cambian-sentidos-olfato-sabor-medida-envejece
Delgado Olea, N., Navarro Benítez, T., & Ruiz Guerrero, M. M. (2020). Análisis de las alteraciones de los sentidos del gusto y olfato en adultos mayores: revisión de la literatura. Garnata, 91, e202326
Duran-Badillo, T., Salazar Barajas, M. E., Hernández Cortés, P. L., Guevara Valtier, M. C., & Gutiérrez Sánche, G. (17 de Febrero de 2021). Función sensorial y dependencia en adultos mayores con enfermedad crónica. Obtenido de Scielo: https://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2448-60942020000300001


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