Demencias

 

  Demencias 

A lo largo de la vida vamos acumulando recuerdos, experiencias y aprendizajes que forman parte de quiénes somos. Sin embargo, a medida que envejecemos, también podemos enfrentarnos a cambios en nuestra memoria y en nuestra manera de pensar. No todos estos cambios son enfermedad; a veces son olvidos comunes de la edad. Pero en otros casos, estos olvidos pueden ser señales de algo más serio, como el deterioro cognitivo o las demencias, siendo el Alzheimer la más conocida.

Yo he notado que con los años puedo olvidar dónde dejé las llaves o repetir una historia sin darme cuenta. Eso es parte del envejecimiento normal. Pero cuando la memoria se afecta tanto que ya no me permite manejar dinero, cocinar, ubicarme en el tiempo o incluso reconocer personas, ahí ya hablamos de un deterioro que necesita atención médica.

El Alzheimer es una enfermedad del cerebro que avanza lentamente. No aparece de un día para otro, sino que comienza con pequeños cambios que a veces pasamos por alto. Por ejemplo, al inicio puede que yo olvide nombres recientes, repita preguntas o me cueste encontrar palabras. Esto se conoce como “deterioro cognitivo leve”. En esta etapa todavía puedo vivir mi vida con bastante normalidad, aunque necesito apoyarme en recordatorios o ayuda ocasional.

Con el tiempo, la enfermedad progresa a lo que llaman demencia leve. Aquí la memoria falla más seguido y se suman problemas para organizarme, hacer cuentas o seguir conversaciones. En este punto necesito la compañía o supervisión de alguien, porque tareas como pagar las cuentas o cocinar pueden volverse riesgosas. También pueden aparecer cambios en mi carácter, como tristeza, irritabilidad o falta de interés.



Demencia – centro activa. (s/f). Www.google.com. Recuperado el 26 de septiembre de 2025, de https://share.google/images/DZZ3ksJiyjETXAjb5



Cuando la enfermedad llega a una fase moderada, la situación se complica. Ya no se trata solo de olvidos: se afectan el lenguaje, la orientación y la capacidad de razonar. Puedo no reconocer mi barrio, perderme en la calle o incluso no recordar a familiares cercanos. También pueden aparecer alucinaciones o desconfianza hacia quienes me rodean. En esta etapa dependo mucho de mis cuidadores, porque sola ya no puedo desenvolverme.

En la fase severa, el Alzheimer afecta a todo el cerebro. En ese momento ya no puedo hablar ni moverme con facilidad. Soy totalmente dependiente de otros para vestirme, alimentarme o simplemente para no estar en peligro. Es duro pensarlo, pero es parte del camino de esta enfermedad.

No obstante, no todo está perdido. Hay formas de cuidar mi cerebro y mi salud para retrasar o prevenir este deterioro. La edad es el principal factor de riesgo: mientras más años cumplo, más probabilidad tengo de desarrollar demencia. Pero hay otros factores que sí puedo controlar. Por ejemplo, mantenerme activa físicamente, caminar todos los días, comer sano, cuidar la presión arterial, el azúcar y el colesterol. También es importante ejercitar la mente: leer, hacer crucigramas, aprender algo nuevo o conversar con amigos. Todo eso mantiene las conexiones de mi cerebro activas.

Las demencias no solo afectan a la persona que las padece, también impactan mucho en la familia. Quien me cuida necesita paciencia, información y apoyo, porque no es fácil lidiar con los cambios de conducta, las repeticiones y la dependencia que provoca esta enfermedad. A veces, el cuidador se siente cansado, frustrado o solo. Por eso existen grupos de apoyo y profesionales que pueden acompañar tanto a la persona enferma como a su familia.

Son lo mismo la demencia y el Alzheimer? Desenredando la confusión. (s/f). Www.google.com. Recuperado el 26 de septiembre de 2025, de https://share.google/images/ZFfOKkRVW4tcavUgz




Algo muy importante que aprendí leyendo este material es que, aunque la memoria se deteriore, yo sigo siendo yo. Mis emociones, mis afectos y mi dignidad deben ser siempre respetados. No es bueno infantilizarme, tratarme como si no entendiera nada o aislarme. Lo que más necesito es comprensión, compañía y cariño.

El Alzheimer no tiene cura, pero existen tratamientos que ayudan a frenar los síntomas y mejorar la calidad de vida. Hay medicamentos específicos, pero también terapias no farmacológicas, como la musicoterapia, la reminiscencia (recordar momentos de mi vida con fotos o música), la actividad física y la estimulación cognitiva. Todas estas actividades me permiten mantener mi identidad y sentirme acompañada.

La sociedad también debe estar preparada. Cada vez somos más los adultos mayores, y la demencia se ha convertido en un problema de salud pública en todo el mundo. Se calcula que millones de personas la padecen y que ese número se triplicará en las próximas décadas. Por eso, se necesitan más campañas de información, servicios especializados y políticas que garanticen atención digna para quienes vivimos con esta condición.

En conclusión, el deterioro cognitivo y el Alzheimer son temas que nos tocan de cerca a todos los que ya pasamos los 60. No se trata solo de olvidar, sino de cómo estos cambios influyen en nuestra independencia, nuestra relación con los demás y nuestra forma de vivir. Lo importante es estar atentos a las señales tempranas, consultar al médico y, sobre todo, mantenernos activos en cuerpo y mente. Porque aunque la memoria falle, el valor de la persona sigue intacto. Y lo que más necesitamos en este camino es comprensión, amor y respeto.

el Equipo Socio-Sanitari, F. P. P. (s/f). Deterioro Cognitivo, Alzheimer y otras Demencias. Gob.ve. Recuperado el 26 de septiembre de 2025, de https://info-biblioteca.mincyt.gob.ve/wp-content/uploads/2025/04/02.-Deterioro-Cognitivo-Alzheimer-y-otras-Demencias-Autor-Prof.-Dr.-Daniel-Eduardo-Martinez-Dr.-Alberto-Chiapella-y-Dr.-Jose-Ricardo-Jauregui.pdf



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